A Observar:

"Pequeños relatos, música, diversión, compañía, y tranquilidad"

viernes, 19 de febrero de 2010


MIRANDO A MIRÓ
Almir D' Avila entró de niño, lo declararon demente y nunca más salió. Nunca nadie le ha escrito una carta, ni ha estado nunca visitado por nadie. Aunque pudiera irse, no tiene adónde, aunque quisiera hablar, no tiene con quién. Desde hace más de cuarenta años, pasa sus días en el manicomio de San Pablo, deambulando en círculos, con una radio pegada en la oreja, y en su camino se cruza siempre con los mismos hombres que deambulan en círculos con una radio pegada en la oreja. Uno de los médicos organizó la visita a una exposición de pinturas de Joan Miró. Almir se puso su traje único, viejito pero bien planchado bajo el colchón, se metió hasta los ojos su sombrero de almirante, y marchó con los demás rumbo al museo. Y vio. Vio los colores que estallaban, el tomate que tenía bigotes y el tenedor que bailaba, el pájaro que era mujer desnuda, los cielos con los ojos y las caras con estrellas. Anduvo, de cuadro en cuadro, con el ceño fruncido. Era evidente que Miró lo habia defraudado, pero el médico quiso conocer su opinión.
-Demasiada- dijo Almir.
-¿Demasiada qué?

- Demasiada Locura.

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